










Propuesta Nro. 064 / Taller de Puntuaciones de ideas
En el psicoanálisis, el testimonio va más allá de un relato de hechos para convertirse en uno de verdad subjetiva y ética. Informado por Derrida, Levinas y Nancy, el testimonio se revela no en un sentido documental, sino como la responsabilidad de uno hacia el otro para desestabilizar la noción de una única verdad y mostrar una finitud compartida. Es muy importante diferenciarlo de la transferencia. Si la transferencia es el campo de conflictos inconscientes que creamos repetitivamente, el testimonio es el acto discursivo de la expresión de una verdad subjetiva. No es una mera descripción de la transferencia, sino la acción histórica que, desde la perspectiva de la retrospección (après-coup), es constitutiva de un 'trabajo' sustancial, que toma la repetición de experiencias pasadas de repetición y las convierte en un gesto de subjetividad simbólica. Freud introdujo por primera vez este problema en su propia escritura testimonial a partir de historias clínicas y en su representación del sueño como un testimonio cifrado del deseo inconsciente. La clínica del trauma radicalizó esta idea. Sándor Ferenczi reconoció que el trauma se profundiza a través de la "negación" del entorno, y convirtió la escucha empática del analista en el acto mismo de habla que lo hace posible. Dori Laub, quien trabajó con sobrevivientes del Holocausto, teorizó el trauma como un “evento sin testigo”, donde la experiencia no existe psíquicamente hasta que es narrada. Aquí el analista no solo escucha, sino que colabora con el testimonio al convertirse en el primer testigo, validando y constituyendo la experiencia. La institución del testimonio en congresos, introduce una paradoja crucial. El acto, singular por naturaleza, corre el riesgo de convertirse en un ejercicio de fidelidad a “La Escuela” o en una adaptación de la experiencia al molde teórico ya existente. El espacio ostensiblemente destinado a validar la verdad subjetiva puede paradójicamente reducir su poder radical, revelando la tensión inherente entre el acto singular y las demandas discursivas institucionales.