










Propuesta Nro. 058 / Taller de Puntuaciones de ideas
Sabemos que el juego es patrimonio de la infancia. Los niños, hasta cierta edad, suelen preferir jugar durante la sesión, porque el juego constituye su modo más genuino de expresión y elaboración psíquica. Jugar es, en definitiva, la experiencia del niño por excelencia: a través del juego piensa, siente, crea y se relaciona con el otro.
En el acto de jugar, la fantasía se pone en movimiento y se proyecta sobre los objetos del mundo, poniéndose a prueba en ellos. El juego supone entonces una forma de operar sobre el objeto encontrándose siempre atravesado por la contingencia y lo imprevisto.
El juego que tiene lugar en el espacio analítico es una experiencia que se desarrolla dentro de la sesión. La presencia del analista forma parte esencial de ese juego: está incluida en la experiencia lúdica del niño. No hay posibilidad, para el analista, de situarse por fuera del juego. Intervenimos sobre el juego y en un mismo movimiento somos parte de él.
En estos tiempos, la clínica con niños nos confronta con un real que se organiza en torno a las pantallas, la tecnología y los dispositivos electrónicos, muchas veces utilizados como juguetes. ¿Qué hay de novedoso en esto? ¿Qué hacemos con esa novedad? ¿Por qué demonizar aquello que el infans nos trae desde su realidad contemporánea?
A partir de relatos clínicos propongo pensar las siguientes ideas:
¿Como jugamos los analistas hoy, tanto en el consultorio presencial como en el virtual?
El lugar del juego mediado por dispositivos electrónicos en la sesión con los pacientes.
Qué lugar para el análisis de las infancias de manera virtual