










Propuesta Nro. 023 /
Hace aproximadamente una década, pero especialmente los años posteriores a la pandemia, en las sesiones de psicoanálisis, algunas de las siguientes frases se repiten en el discurso de niños pequeños, latentes y púberes, a saber:
Analista: ¿A qué te gusta jugar?
Niño de 9 años desparramado en el diván: "Yo no juego... Yo miro YouTube..."
Analista: ¿Qué te gusta ver el celu?
Niña de 7 años: "No sé, yo veo lo que me aparece"
Analista; ¿Qué estabas haciendo antes de venir?
Niño de 10 años: "Mirando una serie en mí celu"
Analista: ¿Cómo se llama?
Niño: "No sé, yo abro Netflix y está ahí"….
Cuando pregunto sobre el uso de pantallas los padres suelen comentar, minimizando, que sus hijos ven "videítos" o juegan a los “jueguitos”.
En ocasiones algunos padres reconocen no saber qué ven sus hijos en el celular, al cual tienen acceso cada vez a más cortas edades.
El presente trabajo, intenta abordar las distintas manifestaciones secundarias a la exposición excesiva a pantallas a bebes, niños y adolescentes y su diferente impacto de acuerdo al grado y tipo de estructuración psíquica logrado.
Entiéndase el exceso en términos freudianos, no solo teniendo en cuenta el tiempo (lo cuantitativo) como también el contenido (lo cualitativo).
Dicho escrito es el resultado de inferencias clínicas, por lo cual se hará constante referencia a viñetas de actualidad, en las cuales, se evidencia que cuánto más temprana es la exposición más marcados son los efectos no solo en los logros del desarrollo como también en el proceso de constitución psíquica.
Es decir, en el caso de un psiquismo con características neuróticas, me he encontrado con manifestaciones de dicha índole, como ser ideas obsesivas; o bien sueños o pesadillas recurrentes, afectos como culpa o angustia por acceder a contenidos pornográficos o agresivos que habían sido prohibidos por sus padres.
En estructuras psicóticas el brote puede desencadenarse tras haber visto videos juegos, reels, shorts, o incluso películas que por su contenido o cantidad de tiempo no puede ser metabolizado por el psiquismo infantil. En ese caso "lo no comprendido" retorna desde fuera, presentándose como alucinaciones que pueden ir acompañadas posteriormente de construcciones delirantes.
En niños con autismo el material de lo percibido en las pantallas puede retornar desde el discurso propio del autista, como ser: ecolalias, acento neutro, repetición exacta de diálogos de youtubers, o incluso producir alucinaciones auditivas que devuelvan al estilo "copiar y pegar" lo percibido. Ejemplo de ello, niños que no pueden hablar en español, pero sí hablan en idiomas extranjeros.
En todas las situaciones descriptas impacta el lugar pasivo que ocupan estos sujetos frente a las pantallas ¿Espectadores, consumidores...?