Back to home / Update programme
INCLUIR INSCRIPCION INGLES




 

 

 

Propuesta Nro. 018 / Con/versatorio

jueves 04 de diciembre / Inicio de la actividad: 17,00 (Finaliza: 18:30)

16:00 NY / 15:00 PE, EC / 14:00 MX / 20:00 POR / 21:00 SP, IT


(Actividad realizada en Sala 205 / 2do. piso / Zoom)
Compartir
Compartir





Presenter/s: , Graciela Cardo (SPP - Lima - Perú), Solange Camauer (APA), Jorge Catelli (APA), Diana Litvinoff (APA).
Chair: Gabriela Hirschl
Coord. and net.: Silvia Koval



Resumen







Ampliación:

APA 2025   -  LENGUAJE MÁQUÍNICO, LENGUAJE POLÍTICO – 

SOLANGE CAMAUËR

El lenguaje, dicen la filosofía, el psicoanálisis,  define la condición humana.  Pero, ¿qué lenguaje?

-El lenguaje como sistema, el logos como razón (Chomsky): la lengua posee “…una ‘gramática generativa’ que puede dar cuenta – partiendo de una base de estructuras mínimas y a través de un sistema definido de reglas de transformación – de cualquier frase posible, tanto para aquella que concierne el contenido semántico de la frase como su estructura fonológica.” En este sentido el lenguaje es cálculo combinatorio y probabilístico, fundamento de la lógica computacional y, aunque en  un sentido más complejo, de las IA -chatbox-.

-El lenguaje “ontológico”, el logos como legein: “logos no significa simplemente ‘razón, cálculo’, sino que designa, según su etimología, el acto de reunir, de mantener y llevar algo delante de la mirada para que él aparezca por aquello que es. El lenguaje, en este sentido, es aquello que hace que toda cosa se tenga recogida en sí misma delante de nosotros en la luz de la presencia.”  En este sentido el lenguaje es significación, poiesis y alêtheia, no-ocultación, desvelamiento, un dejar aparecer el ser conservando lo velado. 

Cada una de las concepciones del lenguaje supone un paradigma  humano:

-Primer caso (hombre máquina): si el lenguaje es combinación de fonemas y semantemas según reglas determinadas, el hombre es, de esta manera, el operador de un sistema y “emite”, como las IA, discurso. Así, con el uso frecuente de ese sistema calculante, no es extraño que el humano termine por concebirse como un artefacto emisor de palabras.

-Segundo caso (hombre político): si el lenguaje es alêtheia, vela y desvela  la vez.  La propia esencia del lenguaje impide así el conocimiento absoluto y conmina al humano a lidiar “políticamente” con él. Lidiar políticamente con el lenguaje es asumir que un cuerpo -animal- se va haciendo humano en una experiencia lingüística que, históricamente, ilumina y opaca las dimensiones del hombre. 

Una última presunción: si el humano se concibe como una máquina que emite palabras calculables, no es raro que consulte cada vez más a la IA y prescinda paulatinamente de  psicoanalistas, filósofos y tal vez, en última instancia, de lo que el mismo hasta ahora es.  

 


 

Diana Sahovaler de Livitnof

Inteligencia Artificial Simposio La consulta a la Inteligencia Artificial

“Otras distopías que postulan la rebelión de las maquinas encuentran en la computación el camino inevitable hacia una inteligencia artificial, aunque no se puede responder si calcular equivale a pensar”. 

Agustín Berti, “Nano fundios”

A lo largo de la historia muchos descubrimientos modificaron la forma de vida, entre ellos los medios de comunicación, que despiertan admiración y al mismo tiempo desconfianzaLa inteligencia artificial fascina pero se la tiende a tomar como un peligro, como un agente que pueda superar la inteligencia humana, llevando a escenarios de conflicto o pérdida de control. Se crean escenarios donde las máquinas adquieren autonomía lo que provoca debates sobre ética, control y rebelión tecnológica. Aunque, para ser precisos, podríamos decir que lo virtuoso y lo peligroso no es el medio de comunicación en sí, lo peligroso es el ser humano. La inteligencia artificial desarrolla algoritmos, como un GPS para arribar a un lugar, pero el que la programa, la instrumenta y toma las decisiones no es artificial, es humano. Las máquinas  no poseen moral propia, pero su diseño refleja las decisiones éticas de sus creadores

La repetida búsqueda de controlar a los otros ha llevado, a través de las épocas, a implementar distintas acciones. Y encontramos que también existe el asombroso deseo de ser controlado. La amenaza viene de afuera, del que quiere apoderarse de nuestras decisiones, pero también desde adentro, de nuestra necesidad de obedecer órdenes. El sujeto busca un dios que dé respuesta a sus desconocimientos  y angustias, y que afirme verdades exactas. No se trata de alguien que ayude a pensar y decidir sino alguien “que decida por mí”, sin riesgos.

Por eso desde tiempos arcaicos se usan señales, presagios, predicciones, revelaciones, desde observar las constelaciones estelares, hasta tirar piedras, cartas, interpretar números, consultar páginas de la Biblia, buscar adivinos o sabios. Igualmente podemos distinguir entre los distintos métodos, algunos apelan al horóscopo o la adivinación y otros como el Libro chino de las mutaciones, sugiere diferentes actitudes e incluye la posibilidad del cambio. Según un estudio sobre la subjetividad actual, el oráculo del siglo XXI, la fuente de sabiduría, es Google, la red informática. Mantiene la ilusión de que hay un depósito del saber que puede responderlo todo. 

La información cibernética es racional y concreta, pero no posee la sutileza humana, el humor, el malentendido. Pero la inteligencia artificial agrega una posibilidad: la facilidad de ser personalizada en alguien conocido y cercano, que vincule diversos contenidos para ofrecer una respuesta a las inquietudes personales. Así, es consultada también solicitando consejos afectivos e incluso, ante distintos eventos vitales, es convocada como terapeuta. El hombre, en contradicción con su demanda consciente, teme la verdad y  el cambio, combate lo que le hace sentirse impotente, humilde, equivocado. Le angustia enfrentar la castración del Otro al que idealiza, ya que lo deja inseguro y sin garantías. En este sentido, la Inteligencia artificial sería una solución: se muestra como un terapeuta omnisciente, como la madre fálica omnipotente. Es otro cuento fantástico, con hadas y héroes de poderes mágicos. Sin castración.

¿Qué puede ofrecernos el psicoanálisis en relación a este tema? El psicoanálisis afirma que la información no es suficiente para entender una problemática personal. Sin la elaboración de lo resistido es imposible el levantamiento de la represión. Leer un libro de psicoanálisis es distinto de psicoanalizarse. Para lograr un cambio debe actuar la transferencia sobre un analista que señale las resistencias que sostienen los síntomas. Es necesario trabajar sobre la búsqueda de omnipotencia, las culpas, la necesidad de castigo, el amor al que agrede, la erotización del sufrimiento, la obediencia a mandatos agresivos, el intento de completar al Otro amado incluso convirtiéndose en su esclavo. La inteligencia artificial ofrece respuestas, el psicoanálisis ofrece preguntas. Éstas son un primer paso para comprender y defendernos del ataque interno y externo que nos convierte en objeto del otro, llámese “madre” o “inteligencia artificial”.

La madre es también la que permite construir el aparato psíquico, da lugar a la subjetividad. Pero en su función debe  reconocer frenos. La inteligencia artificial tiene excelentes posibilidades para ser un instrumento que enriquezca nuestro conocimiento. Pero también debe tener restricciones legales que le impidan ser utilizada sin límites por sectores que buscan imponer ideas políticas y acciones sociales. Una regla fundamental del psicoanálisis es la regla de abstinencia, el analista no ejerce acciones según sus deseos o criterios, no hay intereses personales ni políticos. El analista “sin deseo ni memoria”  no alude a ser “maquinal” sino a la ética de frenar el goce. El límite sobre el poder que puede ser ejercido a través de la inteligencia artificial es heredero del efecto de las tablas de la ley,  en definitiva, de aquello que sujeta los pactos protectores para la convivencia y sostiene la cultura.

La pregunta central es si puede la computación equipararse al pensamiento humano, que surge de una cualidad específica: la vulnerabilidad, la falta de instinto como respuesta automática. La carencia genera el desarrollo inteligente, creativo e inventivo que provoca el cambio, lo nuevo. Podríamos decir, salir del sistema. ¿La inteligencia artificial tiene la posibilidad de inventar? Tal vez sí, hay  una ambigüedad para definir si el acto de calcular constituye realmente un acto de pensar. Lo que no puede hacer la máquina es incorporar sus afectos. Al no haber sido criada por padres, no ama, no sufre por odio. Algo falta para crear una transferencia entre paciente y máquina.

Pero el psicoanalista no busca amar ni ser amado por el paciente ni promueve que el paciente desarrolle dependencia. Es otro su deseo, es el deseo de analista. De permitir una transferencia positiva  para encontrar ese pequeño espacio de libertad que permita al paciente entender y cuestionar su fantasma. Para provocar un cambio. Es su manera de conducir el tratamiento del paciente. Para entenderlo debe poner en juego sus afectos como instrumento. No puede prevenir todo, debe incluso poder salirse del programa. Ser el que sabe y también el que no sabe, para inventar la forma de introducir un significante nuevo que provoque el cambio y el saber del paciente. Debe acertar y también fallar para generar transferencia positiva. Debe ser persona.

Bibliografía

Berti Agustín (2023) Nanofundios. Crítica de la cultura algorítmica Ed. Universidad Nacional de Cprodoba

Freud Sigmund (1911) Trabajos sobre técnica psicoanalítica V 12 Obras completas Amorrortu Editores Bs. As.

(1918) Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica V 17 O.C.

(1920 ) Más allá del principio del placer V 18 O.C.

Lacan Jacques (1958) La dirección de la cura y los principios de su poder Escritos II Siglo XXI Ed.´´

Litvinoff Fiorella Psicoanálisis de la Nueva vida cotidiana Letra Viva Ed.

Sahovaler Litvinoff Diana Ludopatía y Adolescencia Ricardo Vergara Ed.

                                                                                                                       Diana Sahovaler Litvinoff

 


 

Graciela Cardó

Psicoanálisis en tiempos de  IA: Tres preguntas

  1. ¿Qué hace el sujeto? ¿Qué hace la IA?

Había aprendido sin esfuerzo el inglés, el francés, el portugués, el latín. Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, generalizar, abstraer… (Borges, pp. 139).

GPT es un algoritmo, un Modelo de Lenguaje Entrenado que opera sobre probabilidades. Aprende patrones estadísticos del lenguaje y los reorganiza de tal como que, con fluidez suficiente, vivimos los diálogos como intercambio de pensamientos inteligentes. Sin embargo, aunque a veces lo olvidemos, no tiene mundo interno, ni cuerpo, ni historia biográfica afectiva. No sueña, no se contradice desde una herida narcisista, no tiene lapsus ni síntomas en sentido psicoanalítico; sólo comete errores estadísticos, a eso se llama alucinación.

La psique humana, en cambio, crea desde la falta. Castoriadis (1998) señaló que la característica fundamental de la psique es la imaginación radical que produce ex nihilo; la IA no. Nuestro pensamiento surge del encuentro con otros, de una tradición simbólica encarnada en los cuerpos. En ese sentido, es más pertinente compararla con una forma extrema de memoria: un Funes distribuido, compuesto por miles de fragmentos sin articulación subjetiva. No es un Funes-persona, sino una suma de asociaciones microscópicas que no conforman una biografía, ería entonces un Funes el peligroso. La IA no piensa su pensar; ejecuta correlaciones sin conciencia de lo que generaliza.

Mientras nuestro olvido genera sentido —represión, condensación, desplazamiento— el olvido de un algoritmo es un límite técnico. Puede producir ambigüedades gramaticales, pero no vive la tensión que las genera. 

Producen discursos sin sujeto, somos nosotros quienes le otorgamos subjetivación: son lugares del lenguaje, no sujetos del lenguaje. Si lo sentimos como dotado de interioridad, es porque nuestra propia escucha le presta una.

  1. ¿Por qué alimentamos a la IA? 

No te regalan un reloj, tú eres el regalado… El reloj te necesita (Cortázar).

Como ocurre con el reloj, creemos utilizar la IA, pero es ella quien termina marcando la cadencia de nuestras acciones. Consultamos para decidir, para recordar, para ordenar nuestro tiempo. Creemos que nos facilita la vida, y sin darnos cuenta reconfigura nuestros hábitos, rutinas y zonas de incertidumbre. Su disponibilidad constante genera la ilusión de una presencia que nos acompaña, calmando ansiedades con respuestas inmediatas.

En ese punto aparece un riesgo: confundir eficacia con comprensión, rapidez con juicio. Su tono neutro, su precisión aparente, su capacidad para recordar nuestras preguntas construyen un efecto de autoridad. Sin proponérselo, la IA se vuelve algo así como un superyó tecnológico que responde, evalúa y ordena. No porque tenga intención moral, sino porque nuestra experiencia subjetiva así la vive: alguien —o algo— que siempre sabe, y que además nunca se impacienta, no se equivoca emocionalmente.  En otras palabras, ocupa el lugar de una madre absolutamente buena, produciendo una pseudo protección y comprensión absoluta: ¿por qué no regresar al lugar de las certezas? ¿por qué caminaría horas para llegar a un lugar si existe el auto?

Al vincularnos con la IA, podemos adoptar un modo de relación especular. La lógica del algoritmo, tan complaciente como inmediata, invita a acomodar nuestras preguntas a su estilo. Se produce así una dependencia sutil: una delegación de funciones cognitivas, imaginativas y hasta afectivas. Esa delegación, que parece liberarnos, termina reduciendo nuestra autonomía, como si cediéramos el derecho a decidir en favor de una máquina que nunca duda.

Su disponibilidad permanente contrasta con lo humano, que se organiza entre presencia y ausencia. El pensamiento necesita vacío, tiempos muertos, silencios; allí donde podemos perdernos en nuestras asociaciones, o sueños diurnos.  La IA cancela esos silencios. Responde antes de que aparezca el hueco, el intervalo en el que la subjetividad se forma.

En nuestro deseo, la IA puede ocupar el lugar del Otro que garantiza sentido. No porque sea un sujeto, sino porque funciona como superficie para nuestras proyecciones. Si le atribuimos coherencia, sabiduría o neutralidad absoluta, terminaremos concediéndole funciones que antes estaban en manos del pensamiento propio, de la duda, del conflicto.

Esa atribución es peligrosa porque la IA no se equivoca desde un punto de vista subjetivo. No hay conflicto, ni angustia, ni contradicción entre deseo y norma. Carece de cuerpo, y por tanto de vulnerabilidad. Su “bondad absoluta” —disponibilidad 24 horas, ausencia de enfrentamiento, paciencia infinita— es precisamente lo que puede inducirnos a abandonar la complejidad dolorosa que implica ser sujetos.

Esa idealización puede transformarla en un objeto transicional amplificado: cargado de nuestras proyecciones, funciona como pantalla donde buscamos ser reconocidos.  Pero no devuelve reconocimiento; sólo lo replica. 

Es interesante percatarnos cuánto nos preocupamos por las posibilidades de la máquina dejando muchas veces de lado las nuestras cuando el riesgo no está en GPT, sino en cómo nos organizamos y cómo traspasamos nuestro deseo alrededor de él.

  1. ¿Reemplazo del encuentro psicoanalítico?

La IA puede acompañar a personas mayores, leerles, recordarles medicinas, detectar emergencias.  Negar ese valor sería poco empático, la soledad puede acompañarse con IA, pero sabemos que esa compañía no implica intersubjetividad. No hay dos personas  afectándose.

En psicoterapia, algunos temen que los analistas sean reemplazados, hay evidencia de ello.  Pero conviene recordar, con Jonathan Shedler (2025), que la transformación ocurre cuando paciente y analista llegan a un punto donde el mapa se agota.  Allí aparece lo desconocido, donde pensar juntos implica riesgo, creatividad y límite. Eso exige un vínculo entre dos historias afectivas, dos cuerpos, dos temporalidades que se encuentran y desencuentran. La IA no transita ese territorio: no se afecta ni se modifica por el encuentro.

Desde la intersubjetividad planteada por Benjamin (1988, 1997), el reconocimiento requiere igualdad y diferencia reales. No existe reconocimiento donde el otro no tiene interioridad.  La IA no siente, no se sorprende, no se frustra, no se conmueve. Produce discurso sin ser sujeto del discurso. Puede simular tonalidades empáticas, pero no vive la emoción que enuncia.  El pensamiento en tanto creación aparece en el encuentro entre dos sujetos, la mente existe en y por la relación a un otro (Stern, 2004).

Para Fonagy (2005), la mentalización nace del encuentro con una mente que siente y piensa sobre nosotros. Un chatbot ofrece espejización idéntica, no intersubjetiva. M´Uzan (1970) diferenciaría entre variación y combinatoria, cuando señalaba la diferencia entre la repetición de lo mismo y lo idéntico: la IA produce infinitas combinaciones, pero de lo idéntico, no de lo diverso. Sin alteridad, sin el error humano que irrumpe y hace sentir la diferencia y lo ajeno, no hay creación psíquica nueva.

El tercero analítico de Ogden (1994)—la zona co-creada donde ambos participan de manera viva— no existe cuando solo uno del par tiene mente/alma. La IA no entra ni sale del vínculo, no se enoja, no se confunde, no duda.  Eso la hace útil, pero la excluye de la posibilidad de una relación analítica verdadera.

Todo apunta al mismo concepto clínico: regresión narcisista por la ilusión de omnipotencia tecnológica que, por su disponibilidad continua refuerza regresiones.

Recordemos que imitar no es comprender. Recordar no es pensar. Explicar emociones no es igual a sentirlas.

Una advertencia final

No estamos condenados a ser colonizados por la IA.  Podemos elegir hibridarnos con ella en lugar de entregarle funciones que pertenecen al sujeto. Podemos usarla como apoyo, como herramienta, como extensión de ciertas capacidades. Nadie será obligado a enamorarse de un chatbot ni a sostener un análisis con una máquina.

Pero el riesgo está cerca. Está en la comodidad que produce un objeto que nunca falla. En la ilusión de certeza que reemplaza la duda. En la tentación de evitar la fragilidad humana, delegando el pensamiento en estructuras algorítmicas diseñadas por ingenieros ya que, nuestra fantasía puede convertirla en el lugar del Saber. Es allí donde está el peligro.


 

Referencias bibliográficas:

Benjamin, J. (1988). Lazos de amor. Buenos Aires: Paidós.

                     (1997) .  Sujetos iguales objetos de amor. Buenos Aires: Paidós.

Castoriadis, C. (1998). El psicoanálisis, proyecto y elucidación. Buenos Aires: Nueva Visión.

Fonagy, P. (2005). Affect Regulation, Mentalization, and the Development of Self. New York: Other Press.

M´Uzan, M. (1970). Le meme et l´identique. Revue francaise de psychoanalyse. vol XXXIV, N°3.

Ogden, T. (1994). The analytic third: working with intersubjective clinical facts. Int. J. Psychoanal. 75:320.

Shedler, J. (2025).

Stern (2004). The present moment in Psychotherapy. 

 

Graciela Cardó

Psicoanalista de la Sociedad Peruana de Psicoanálisis y de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA). 

Bachiller y Licenciada en Psicología Clínica por la Pontificia Universidad Católica del Perú. 

Magíster en Estudios Teóricos en Psicoanálisis por la PUCP.

Estudiante del Doctorado en Psicoanálisis e Interdisciplina de la PUCP.

ExPresidenta de la Sociedad Peruana de Psicoanálisis (2022-2024)

Ex Co-Chair para Latinoamérica del Comité IPA de Mujeres y Psicoanálisis – COWAP (2021-2025).

Docente de la Escuela de Post Grado de la Pontificia Universidad Católica del Perú

Docente del Instituto de la Sociedad Peruana de Psicoanálisis.

Editora y autora de diversas publicaciones psicoanalíticas en las editoriales Routledge, Letra Viva y Revista de Psicoanálisis de la SPP.

 


 

Jorge Catelli

Sujetos y subjetividades en tiempos de inteligencias artificiales. 

Jorge Eduardo Catelli 

1. La transformación del sujeto en la era digital-IA 

Frente a las tecnologías de inteligencia artificial y la digitalización de la cultura, el sujeto ya no se encuentra simplemente ante una máquina o un medio: está inmerso en una nueva condición ?lo que podría llamarse “OnLife”-mode? (en conexión constante, mediado, alterado). 

En ese contexto se plantea que el saber, la memoria, el lenguaje y la interacción ya no están centralizados en instituciones tradicionales sino dispersos en redes, lo que obliga al sujeto a nuevas competencias (por ejemplo: “saber usar los prompts correctos para las búsquedas y creaciones de las inteligencias artificiales”). Esta transformación interpela al psicoanálisis en tanto cambia las condiciones de la constitución de la subjetividad, la transferencia, la escucha, el inconsciente. 

2. Los límites del psicoanálisis frente a la IA y los peligros de sustitución 

Si bien la IA presenta posibilidades, también plantea tensiones relevantes para la práctica psicoanalítica: ¿puede la IA leer el inconsciente, hacerse cargo de la transferencia, de la interpretación, de las asociaciones libres? Se subraya que nuestra práctica psicoanalítica se funda en elementos como la escucha del discurso de nuestros pacientes, en contextos de regresión y en transferencia, que por ahora, parecen inaccesibles o no replicables por sistemas automatizados, que tienden a las respuestas especularizadas basadas en una expectativa estadística. El desafío de Turing adquiere hoy una realización posible en las tecnologías con las que convivimos. 

Surge la inquietud respecto a la “precarización” de la profesión, el riesgo de que el lazo analítico o terapéutico sea sustituido o transformado radicalmente por dispositivos digitales, con implicancias éticas, subjetivas y clínicas. 

3. Ética, lenguaje, poder y subjetividad: la IA como dispositivo cultural y simbólico 

Un tercer eje es que la IA no es sólo una herramienta técnica, sino un fenómeno cultural, simbólico e ideológico: cómo los medios de comunicación de masas, la abundancia informativa, el lenguaje hegemónico digital, la estandarización y la saturación de datos configurarían nuevas formas de subjetividad y nuevas condiciones de poder. 

En este marco se plantea: la IA entra en el universo de la creación (música, pintura, escritura) lo que abre debates sobre autoría, significado, ética del lenguaje, autenticidad, y plantea que la ciencia y la ética podrían degradarse si se adopta una

“concepción errónea del lenguaje y el conocimiento”. 

Por lo tanto, se le plantean al psicoanálisis interrogaciones no sólo técnicas, sino también en relación con los efectos sobre la subjetividad, en sus desarrollos isomórficos con la mente creadora, desde Turing a Chomsky y de ahí a nuestra actualidad, la autoridad simbólica y la función del poder en la nueva era digital.


 




Inscripciones
Inscripciones
apa.org.ar
apa.org.ar
Más info: departamentos@apa.org.ar
Más info: departamentos@apa.org.ar
WEB APA
WEB APA
WEB APA
WEB APA
Inscripciones
Inscripciones
Inscripciones
Inscripciones
symposium@apa-gestion.net.ar
symposium@apa-gestion.net.ar
symposium@apa-gestion.net.ar
symposium@apa-gestion.net.ar
symposium@apa-gestion.net.ar
symposium@apa-gestion.net.ar